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Entre las siete primeras villas fundadas en el archipiélago
de Cuba está la de Camagüey - entonces Santa
María del Puerto del Príncipe -, con fecha 6
de enero de 1528. Casi desde el comienzo se presentaron serias
dificultades con las escasas precipitaciones y el abastecimiento
de agua corriente. Esto condujo a la búsqueda de alguna
alternativa para mantener los asentamientos humanos allí
establecidos.
Así, aunque se dice que el origen del tinajón
es andaluz y que lo llevaron a la Isla desde esas tierras europeas
donde se utilizaba para conservar los aceites, especialmente el
de olivo; lo cierto es que, en todo el Camagüey resultaba
fácil hallar suelos arcillosos y dar con barro
de excelente calidad. Es decir, no fue nada complicado hacerse
de la materia prima para los primeros recipientes destinados a
almacenar el preciado líquido.
La fabricación de tinajones camagüeyanos comienza
a principios del siglo XVII (barro cocido); eran situados
en los patios de las casas donde, al comenzar la temporada de
lluvias, se esperaba que el primer aguacero limpiara los tejados
y luego comenzaban a llenarse mediante curiosos sistemas de canales,
construidos inicialmente de madera y después, de hojalata
o latón al igual que sus tapas.
Apenas dos siglos después se consideró exagerada
la existencia de estos recipientes en las casas de la ciudad,
por lo que se detuvo su fabricación. Un inventario realizado
en diciembre de 1900 reveló que los tinajones existentes
en Puerto Príncipe, alcanzaban la cifra de 16 mil 483.
Aunque en la actualidad tiene como función principal el
uso ornamental, tal como aseguran los entendidos, en Camagüey
no hay prácticamente un patio que carezca de tinajón.
Con su característica redondez de barro, está en
todas partes. Por eso constituye signo y símbolo de esa
tierra cubana donde predominan las grandes sabanas.
" AQUA DE TINAJON"
(Poema di Aurelia Castillo, poetessa camagüeyana della
fine del XIX secolo)
Agua santa de este suelo
en que se meció mi cuna,
agua grata cual ninguna,
que bajas pura del cielo.
Yo te beso con anhelo,
casi con mística unción,
pues creo que tus gotas son
de mi madre el tierno llanto
al ver que me quiere tanto
Camagüey, tu corazón.
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