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La Plaza de San Francisco fue la segunda plaza, construida
como besándole los pies a la bahía. Al principio
se realizaron en ella actividades comerciales, transacciones,
ir y venir de mercancías y carga y descarga de carretas
y carretones. Blancos dueños y negros esclavos pululaban
por esos lares.
Con el pasar de los años esta Plaza, caracterizada por
la irregularidad de sus contornos, fue perdiendo la condición
mercantil y quedó sólo como área de paseo.
Mientras tanto, el mercado fue trasladado para la Plaza Nueva,
la cual ahora, como ironía de la vida, llamamos Plaza
Vieja. Claro, todo es relativo
En su costado norte fue
edificada una amplia casona para vivienda de los Capitanes
Generales de la Isla. Idea excelente si de controlar se trataba,
pues desde su propia vivienda podían, sentados cómodamente
en los balcones, supervisarlo todo.
A principio del siglo XX alguien pensó en construir en
este lugar un parque, pero la idea durmió el sueño
del olvido. En la actualidad, con la recontrucción capital
que en La Habana tiene lugar, esta Plaza ha quedado divina. La
engalana una fuente, plantas y las edificaciones que la rodean,
las cuales conservan celosamente los elementos coloniales.
Y la última de las Plazas contruída, se considera
la primera por su belleza. La Plaza de la Ciénaga,
actual Plaza de la Catedral.
En el año 1587 las tierras de esta Plaza no pasaban de
ser una zanja cuyo único aporte era el abastecimiento de
un gran aljibe, gracias a los manantiales que allí nacían.
Aún en nuestro tiempo una de las esquinas de la Plaza se
nombra Callejón del Chorro. Pero fue necesario que
trascurrieran muchos años para que los habaneros construyeran
la majestuosa iglesia que le da nombre a la Plaza y provocara
una nueva vida.
Las mejorías fueron tan notables que según algunos
"cuenta cuentos" aseguraban, en horas de la madrugada,
cuando la ciudad dormida reposaba en brazos de Morfeo, las dos
Plazas, la de Armas y la de la Catedral, se enfrascaban en furibundas
discusiones, reclamando cada una su derecho de primacía.
Yo sólo soy testigo de una cosa, la Plaza de la Catedral
es la vista más bella que se pueda imaginar. No se lo pierda
usted. |