| Es difícil, por no decir ¡casi imposible!,
recorrer el archipiélago cubano sin ver una o más
de ellas. Hago alusión a la palma real o Roystonea
regia, abundante en todas las provincias y que, a no dudar,
es la más vistosa de las palmas reales existentes en las
Antillas Mayores. Pero en realidad, a varias de ellas se les encuentra
hasta en Venezuela.
Hay también otras tres especies propiamente cubanas, pero
crecen solamente en Baracoa,
en la oriental provincia de Guantánamo.
Son estas la palma criolla azul (R. violacea); la palma
blanca (R. stellata) y la palma de seda (R. lenis).
A esta última se le identifica por los largos filamentos
que salen del raquis o eje central de las hojas.
Se conoce casi un centenar de especies de palmas y todas ellas
suelen ser heliófitas, es decir, que crecen mejor
a pleno sol y prefieren los espacios abiertos.
Dado su porte majestuoso y elegante belleza, las palmas reales
aparecen sembradas con frecuencia a ambos lados de caminos, avenidas
y carreteras, así como en vías de acceso a casas
de campo. Se la ve como la planta ideal para ser plantada en hileras,
debido a que se consigue mayor uniformidad en su tamaño
y aspecto, en relación con cualquier otro árbol
ornamental.
Cada una de las Antillas Mayores cuenta con su propia especie.
Así tenemos que, en Haití y República
Dominicana, abunda la palma real de la Española (R.
hispaniola), tanto como la palma real de Puerto Rico (R.
Borinquena). En Jamaica, sin embargo, predomina la R. Jamaicana,
la cual crece en terrenos altos, colinas y montañas de
esa isla.
Por otra parte, al sur de la península de la Florida
tiene fuerte presencia la R. elata, que se da en terrenos bajos
y cenagosos. Unas 12 especies son reconocidas en el género,
siendo la mayor de todas la R. oleracea, de las islas Barbados
y Trinidad.
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