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Hubo quienes afirmaron que era un aerolito caído del
cielo, mientras otros se encaminaron por una explicación
geológica del asunto. Ante lo que se reconoce como la tercera
piedra más grande del mundo, es lógico que surgieran
varias hipótesis de su origen.
La Gran Piedra, un mirador natural con un hotel en la
ladera de la montaña sobre la que se asienta, es un sitio
maravilloso a sólo 25 kilómetros de la ciudad de
Santiago
de Cuba, y constituye un destino turístico muy solicitado
por quienes visitan la parte oriental de la Mayor de las Antillas.
Aunque existió la idea de que pudo ser un aerolito que
cayó hace millones de años, los argumentos de geólogos
estudiosos del tema nos conducen a creer que es una toba soldada,
producto sólido de la explosión de un volcán
submarino.
Es, a criterio de los especialistas. el resultado del último
episodio volcánico en Cuba, hace unos 50 millones de
años, que lanzó fragmentos de tobas en estado
semifundido, dando lugar a la enorme roca.
Ubicada a 1225 metros sobre el nivel del mar, quienes
acuden con frecuencia al lugar, afirman que desde lo alto del
mirador se divisa, en noches despejadas, el resplandor de las
luces de Haití.
Ese lugar tiene una belleza natural singular, donde los contrastes
entre el azul del mar del litoral costero y el verdor de la vegetación
se conjugan en un todo acogedor y atrayente.
Las ruinas pétreas de las mansiones señoriales
y los secaderos de café hablan de la presencia de los franceses
que se asentaron en ese apartado paraje de la geografía
cubana, huyendo de la guerra desatada en Haití.
Esos europeos y la dotación de más de 600 esclavos
haitianos de su propiedad, trajeron además de sus habilidades
para la cosecha del café, su tesoro cultural, que influyó
sin dudas, en las manifestaciones artísticas, en las tradiciones
culinarias y en la religión de esa zona santiaguera.
En La Gran Piedra sobreviven todavía las leyendas de esa
época, que hablan de amores entre uno de los ricos colonos
y una esclava llamada Isabélica, con la cual luego
de muchos infortunios y obstáculos llegó a contraer
matrimonio.
Parte del legado de los franceses se preserva en el Museo
Cafetal La Isabélica, en La Gran Piedra,, ubicado en
una casona de madera, reconstruida sobre las ruinas, cuya arquitectura
se considera de avanzada, a pesar de corresponder a finales del
siglo dieciocho y principios del diecinueve, con elementos no
comunes en construcciones coloniales.
Quien desee conocer La Gran Piedra tendrá la opción
de llegar hasta la base de la enorme mole en automóvil
por una carretera abierta en la montaña, o si lo prefiere,
podrá vivir la aventura de escalar los 452 escalones
fabricados entre una tupida vegetación, donde sobresalen
222 variedades de helechos, 352 de orquídeas, pinos, cipreses,
frutas y otras flores perfumadas.
Podrá disfrutar en su ascenso de una fauna endémica
en Cuba, formada por pájaros carpinteros, gavilanes, torcazas
y tocororos,
el ave nacional de la Isla.
El microclima que se respira en esa zona oriental, hará
más fresco el recorrido, matizado por una densa niebla,
como si las nubes acompañaran al visitante en su ascenso
hacia la enorme piedra a través de senderos tapizados por
musgos siempre húmedos.
Hay un halo de misterio en el encuentro con la enorme roca, que
sobrecoge con sus 6000 toneladas de peso, expulsadas por
un volcán submarino. Su resistencia al viento, la lluvia
y otros fenómenos climatológicos le confieren ese
título de gran dama que se enseñorea en la montaña. |