|
Si su pareja es sencilla, amiga del detalle y ajena a los alardes
vanidosos, pues le vendría bien un balcón pequeño,
cuadrado, de madera y adornado con plantas pequeñas muy
verdes. Si por el contrario, a su media naranja le encanta ostentar
y disfruta presumiendo, entonces sería mejor un balcón
con un rico trabajo artístico en sus rejas y muchas plantas
exóticas. Uno de esos balcones que van de punta a punta
de la construcción y hasta doblan la esquina. Pero si su
adorado tormento está un tanto deprimido, llévelo
de la mano y rápido a un balcón con vitrales de
muchos colores, a través de los cuales el sol hace magia.
Que posea también vista al mar y una considerable altura,
así verá más pequeños los conflictos.
En La Habana hay balcones tan singulares que no es difícil
asociarlos como marco perfecto para Romeo y Julieta,
los famosos amantes de Verona. Sólo que aquí esos
pobres muchachos hubieran tenido un final feliz.
En fin, escoja el balcón que mejor se ajuste a su plan.
No demorará en encontrarlo, pues en Cuba los hay por centenas.
Sucede que como vivimos en el Caribe y somos una isla, contamos
siempre con el beneficio de la brisa marina y
¿dónde mejor disfrutar del fresco que en un balcón..?
Es que hasta la vida se torna diferente cuando uno la observa
desde arriba, desde donde la miran siempre los campeones.
|