LA DINASTÍA
de los Valdés
Por: Radamés Giro
En 1948 se trasladó a Los Ángeles,
California, y más tarde a Nueva York, donde cantó en el Teatro Hispano y en el Million
Dollar, Park Plaza, Palladium, Puerto Rico. En ese mismo año grabó con
la orquesta de Noro Morales
“Guararé”, “Una cualquiera”, “Qué problema”, y “Ya son las doce”; con Tito Puente, (entre 1948 y 1954) “Arrollando”, “Rankankán” y
“Babaratíbiri”. Pero las grabaciones que lo arraigaron el gusto popular, fueron
las que realizó para el sello discográfico Secco
(1953 y 1958), en La Habana, con el conjunto Sonora Matancera: “Decídete”, “Una aventura”, “Yo no soy guapo”,
“Solo por rencor” y “Los aretes de la luna”. Así quedaba fijada la fama de Vicentico Valdés como un consumado bolerista. Posteriormente forma su propia
orquesta, la que fue dirigida en diferentes momentos por René Hernández, Charlie y Eddie Palmieri, Javier Vázquez y Horacio
Malviccino. Finalmente, en el pináculo de su fama, se dedicó a cantar como
solista, y como tal realizó giras por Argentina, Brasil, Chile, Colombia,
Venezuela, México, Nicaragua, Honduras, Costa Rica, Panamá, España y Francia.
Vicentico falleció en Nueva York el 26 de junio de 1995.
La dinastía de los Valdés continúa con Oscar
Valdés II, nacido en La Habana el
12 de noviembre de 1937, y criado en Pogolotti, –un barrio folklórico, de
santeros– en medio de la rumba en la esquina y el toque de batá en casas de
bataleros amigos, particularmente un gran batalero llamado Fermín, muy conocedor de los toques y reconocido como maestro en
ese instrumento. Con Fermín, además
de aprender los toques, Oscar se
inició en la construcción de tambores
(juramentados) abakuá, batá, chekerés. “Esa etapa era desconocida por mi papá”,
dice.
Corría el año 1949,
cuando Oscar se inicia en los
corrillos musicales, así lo cuenta:
Me acuerdo
muy bien, un día en que el viejo estaba tocando en el cabaret Montmartre con Bebo Valdés –donde se ejecutaba el ritmo batacún batá, de Orestes López (Maño)– y yo fui a verlo. Me
llamó la atención unos tambores batá que había en el piso, y ahí me puse yo a
tocar por instinto, no era para que él me viera, porque él estaba en su ensayo.
Me pongo a tocar y me acuerdo que de pronto lo tengo detrás, parado ahí, y él
me dice: “Yo no sabía que tú tocabas. Nosotros estamos trabajando en el hotel La Campana, de Infanta y Manglar
¿Porqué tú no vas para allá y practica y te metes en la cosa de la música?” Le
digo: coño viejo, yo nunca he estado en nada de esto, yo estoy ahora tocando
rumba, jodiendo y eso ahí; pero me dice: “No, no, ve por las noches por allí”.
Y me compró una guayabera para que pudiera ir a La Campana, donde me dejaban tocar un rato en la parte
bailable.
En La Campana tocaba su tío Marcelino Valdés con la orquesta de Antúnez. Ya instalado en los medios
artísticos de cabaret, Oscar comenzó
a hacer suplencias cuando faltaba algún percusionista, fuera el tumbador o el
timbalero.
Marcelino me fue dejando coger de vez en cuando los
cueros, y empecé yo también a tocar la rumba. Era la rumba más rápida que yo he
tocado, porque allí trabajaba un trío de baile super-rápidos –integrado por Estela,
Mario y Litico– y había que marcarle todo lo que ellos
hacían. Así empecé yo en ese trabajo,
me fui cuajando con la práctica.
Entonces vendieron el cabaret, y creo que el que lo
compra tenía algo que ver con los Mestre
(Goar y Abel), dueños de la emisora radial CMQ; y el nuevo dueño trae la
orquesta de esa emisora para el cabaret, con Roberto Valdés Arnao como director.
Era muy normal en aquella época decirle a una
orquesta: terminaste, nadie nunca tenía nada seguro, eso era candela. Yo me
quedo perplejo cuando Valdés Arnao
me dice que me lleva para su orquesta. Inmediatamente llamo al viejo y se lo
digo. Entonces él me dijo: “quédate ahí, que esa es la orquesta de CMQ, y
posiblemente pases para allá”, y así mismo fue. Yo era un muchacho, tenía trece
años, y ahí me convierto en músico de esta orquesta. Empecé a tocar el bongó y
las pailas, junto con Manzano, el
tumbador; estudio con Guillermo Barreto
y Salvador Admiral (padre), así fue
como empecé mi carrera real de músico.
A partir de entonces comenzó a estudiar en
el Conservatorio de Marianao; Walfredo de los Reyes (padre), lo ayudó
mucho en su desarrollo. Estudió tímpani, trabajó con la Orquesta Sinfónica, con
las orquestas de Gonzalo Roig, Paquito Godino, Carlos Ansa, Enrique
González Mántici, todos buenos directores. Lo mismo tocaba en una orquesta
de bailes que en una sinfónica.
Trabajó también en las orquestas de Rafael Somavilla (hijo), –que se
presentaba en el Habana Hilton–,
en la del Capri, en Tropicana y en la Banda Gigante de Benny Moré, con la que trabajó como baterista
hasta el año 1959. Una interesante experiencia fue su trabajo con el compositor
y guitarrista Leo Brouwer en el
ICAIC, al frente de la Orquesta Sinfónica,
grabando música incidental para los filmes de esta industria del cine cubano.
En ese período trabaja con el grupo de Chucho Valdés, con el que realizó
grabaciones, hasta que en 1967, al crearse la
Orquesta Cubana de Música Moderna, pasa a integrar su plantilla. Esta
agrupación estaba formada por algunos de los mejores músicos cubanos, entre
ellos Oscar Valdés, padre, y
dirigida por Armando Romeu y Rafael Somavilla.
Sobre su salida de la
Moderna dice Oscar:
Estuve en la Moderna hasta que me entró, como a todos los jóvenes, el bichito de querer
hacer cosas, entonces un día Chucho
y yo, sentados en el muro del teatro Amadeo Roldán, me dice: oye, porqué no
formamos un grupo con el que podamos tocar lo que nosotros queremos, tocar, por
ejemplo, la música popular, porque, mira, los Van Van están viajando, todo el mundo lo está haciendo, y esta orquesta no
viaja, sólo hicimos un viaje a Canadá; con la formación de un grupo nuestro
podemos tener otro campo. Me gustó la idea, y le dije: “sí, vamos a hacer
algo”, nos montamos en la moto que yo tenía en aquel momento, y fuimos a ver a Paquito D’Rivera, también hablamos con
otros músicos de la Moderna, y ahí
comenzamos, en 1972, los primeros ensayos del grupo que después fue Irakere. Salgo de la orquesta, pero tuve que
esperar casi un año que salieran los demás, porque había que buscar los
suplentes que cubrieran las plazas vacantes. En 1973 grabamos Bacalao con
pan, primer disco de Irakere. Entonces me ocurrió una cosa muy especial, por lo menos para mí, porque yo nunca
había cantado, siempre admiré a mi papá, que fue un cantante de primera, pero a
mí nunca se me había ocurrido cantar, yo sólo tocaba la percusión. Cuando
grabamos “Bacalao con pan” –debo recordar que cuando Irakere arrancó era un grupo instrumental–, nunca
se pensó en hacer música para bailar, al oír el backgraund de esta obra, en la
parte del tumbao yo me pongo a imitar, fastidiando, al dúo Los Compadres, a hacer como Los Compadres: ¿qué es lo que quiere?, bacalao con pan, y
el resto del grupo cuando oyen eso, me dicen: ven acá, por qué tú no le pones
la letra a eso; ahí se formó la bronca, por qué tú no cantas en el número ese;
les dije que yo nunca había cantado, pero me convencieron, y le pongo el
bacalao con pan, el número fue un hit tremendo, estaba en el compromiso que
había que cantar, porque después de eso, !qué podía hacer! Es así como inicio
mi carrera de cantante; a partir de ahí, Irakere empezó a hacer música cantada, para bailar.
Desde
entonces, mi trabajo con Irakere fue
que Chucho hacía la música, yo las
letras y las ideas ritmáticas del grupo, el uso de los batá, la parte
folklórica, porque Chucho
fundamentalmente es pianista, el que conocía los tambores y cómo utilizarlos
dentro del grupo era yo, y ese fue siempre mi trabajo con Irakere. Esto fue lo que nos dio el primer premio Grammy en 1979; en 1980 fuimos
nominados para un segundo Grammy, podíamos haberlo cogido, cuando era más
seguro que el otro, porque, además, nos pusieron un productor de allá, que
manejó el trabajo que se iba a hacer, dónde había que colocar las cosas.»
Con Irakere,
Oscar ha viajado por casi todo el
mundo. Por otra parte, actuó con Herbie
Hancock, Chick Corea, ellos se
incorporaban a lo que hacía Irakere
porque, como dice Oscar, “casi todos
los músicos querían hacerlo, porque les interesaba lo que hacíamos nosotros”.
Así explica Oscar su salida de Irakere:
Yo salgo de Irakere después de muchos años; mis
hijos también estuvieron trabajando durante algún tiempo con este grupo; yo
tuve un gran regocijo trabajando con mi padre, yo quería también que mis hijos
trabajaran conmigo, y nos dimos a la tarea de tratar de hacer algo dentro de la
familia, los Valdés, y esa fue
realmente la idea. Me reuní con Chucho,
con los demás músicos, les expliqué que yo tenía nuevos planes de trabajo, que
quería hacerlo con mis hijos, porque uno no sabe hasta cuándo estará vivo. Al
principio Chucho se disgustó un
poco, pero luego comprendió mi punto de vista. Estuve un tiempo trabajando con ellos —1993 o 1994—, Diego, que es un bajista excepcional, y Oscarito como baterista. No obtuvimos el éxito que esperábamos,
porque el momento que escogimos para hacer el grupo no fue el mejor; yo creo
que las cosas tienen su momento, y nosotros escogimos el peor, en el sentido de
que había un control de la música entre varios grupos que habían salido a la
escena antes, y estaban consolidados, y no es fácil entrar en esa mecánica.
Ellos, como jóvenes al fin, se desesperaron, y tomaron otro rumbo. Diego consiguió trabajo en una empresa
discográfica de Colombia, para producir discos, y determinó quedarse allá; Oscarito, que fue con el que más tiempo
estuve, me dijo que quería hacer un cuarteto, le dije: ‘si tu te vas a sentir
bien haciendo el cuarteto, haz tu cuarteto, que yo después formo otro grupo,
estáte tranquilo’; es que a él siempre le han gustado los formatos de trío,
cuarteto. Así estuve parado desde
noviembre de 2000 hasta junio del 2001; en julio de este último año encontré
los músicos que necesitaba, arranqué con el grupo, y una cosa increíble: con
cinco números montados —porque no teníamos más—, logré tener trabajo fijo en
los lugares más importantes del jazz: La Zorra y el Cuervo, Jazz Café, la Unión
Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC)... El grupo tocaba
instrumental, pero con la misma línea que yo siempre hice en Irakere, porque cuando yo salí de Irakere, este perdió la forma aqauella que tenía,
que era parte de mi trabajo; entonces yo lo que hice fue rescatar ese trabajo,
que es el que estoy haciendo con Diáskara, integrado por músicos de la Escuela Nacional de Arte y del Instituto
Superior de Arte, todos muy jóvenes, pero con mucho talento, la gente se queda
impresionada con este grupo.
El trabajo
de Diáskara está fundamentado en las raíces folclóricas, pero ahora lo estoy
haciendo más profundo; por ejemplo: números como “Mi chaoko”, “Obatalá”, los
interpreto con los toques afrocubanos, pero un con arreglo; es decir, no adapto
el tambor al arreglo, sino que hago un arreglo al tambor. Esto ha dado muy buen
resultado; y tenemos otros números en los que estamos utilizando algo con lo
que siempre yo he experimentado mucho, que es utilizar los batá como tal. Es
decir, hacer la música contemporánea
con la utilización de los instrumentos afrocubanos, sin lo ritual, sino en función
de lo que tú quieres hacer, por eso ya deja de ser ritual, se convierte
entonces en una gama ritmática dentro del arreglo, utilizando tres tamboreros,
que son los mismos músicos que tocan los otros instrumentos de percusión
cubana, como la tumbadora, el bongó, quienes a la vez que tocan los batá,
cantan; a esto se agregan otros instrumentos:
batería, guitarra eléctrica, tres metales, piano y bajo, esto me ha dado muy
buen resultado. Con este grupo estoy haciendo un trabajo con la música popular
bailable, que es rescatar la música tradicional, pero en el puente cambio, hago
una transformación y la hago contemporánea; es decir, hago una presentación de
lo que es el número como tal, después cambio, y se lo coloco a la gente en lo que hoy está pasando, para que se sepa
que el grupo no está parado en aquella época, porque tú no puedes obligar a la
gente a que baile una música que si
bien fue la de sus padres o sus abuelos, ya él no la siente así. En esta nueva
línea tenemos montado “Lágrimas negras”, “Mamá, son de la loma”, “A romper el
coco” y “Xiomara”.
¿Cree usted que aquí, con los éxitos de Oscar, termina la historia de los Valdés? Pues no. En nuestro próximo
número podrá conocer a Lázaro el
último vástago en línea directa de Oscar
Valdés padre.
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