Chepín-Chovén

Vuelve la Orquesta del Sabor

 

Por: Omar Vázquez 

 

De mi adolescencia son los recuerdos de un grupo de amigos que viajamos a Santiago de Cuba y nos fuimos a escuchar en vivo a la Orquesta Chepín—Chovén y a sus cantantes Roberto Nápoles e Isidro Correa. Fue en la Cadena Oriental de Radio, y el desconocedor interesado que no soñaba con acceder al mundo artístico sucumbió ante la sonoridad de aquel grupo.

A partir de un formato basado en timbal, bajo y piano, unidos entonces a una sola trompeta y un saxofón, salía un tumbao riquísimo, que los hizo ascender pronto en el favor popular. Después ampliaron su formato y continué disfrutando con cada nota de “El platanal de Bartolo”, “Bodas de oro” —números insignias de la orquesta, de la autoría de Electo Rosell—, o “Azabache” y “Qué dirán ustedes”, del propio Roberto Nápoles.

Después comencé a trabajar en el periodismo cultural y tuve la oportunidad de entrevistar más de una vez, al maestro Electo Rosell (Santiago de Cuba, 1907-1984) y ahondar en la trayectoria de la agrupación musical.

Posteriormente, le quisieron cambiar el estilo a la orquesta, y esa fue una de las causas de su desintegración, hasta que en 1972 la Orquesta Chepín—Chovén se vuelve a formar, en lo cual desempeña un hermoso papel Roberto Nápoles.

Esta es una historia que comenzó en 1932, cuando el compositor y violinista Electo Rosell —conocido como Chepín—, conjuntamente con Bernardo Chovén, organizó la conocida orquesta que sonó bajo su batuta durante veinticinco años. Autor de los boleros “Murmullo” y “Elba”; de los danzones “Bodas de oro”, “Diamante negro” y “Reina Isabel”, y de la guaracha “El platanal de Bartolo”, la agrupación le sirvió para el lanzamiento de estas y otras obras que trascendieron nuestras fronteras. Incluso, “Murmullo”, bajo el título de “Susurrando” fue incluida en el un filme norteamericano, interpretado por Bing Crosby.

Para reafirmar esta historia, conversamos con José Ramón Hernández, su actual director, Gilberto Aguilera (Papito), saxo-fonista y administrador, Electo Rosell, hijo, y otros integrantes de la legendaria agrupación.

¿Qué hace actualmente la orquesta?

En este momento, aunque el formato ha cambiado, mantiene el mismo timbre que la hizo popular, con el mismo sabor. Trabajamos con los Círculos del Danzón y nos ha servido de estímulo ver que los niños y jóvenes bailan con nosotros, nos asimilan. En Gallo (frente al Cine Siboney) cerraron la calle para que tocáramos, y la sorpresa fue que se repletó. La mayoría de los asistentes eran jóvenes.

La orquesta está en un buen momento, con integrantes jóvenes, técnicamente muy bien preparados, egresados de las escuelas de música.

Su propuesta actual ¿es atractiva? ¿Se corresponde con la leyenda de la Chepín-Chovén?

Ahí está el ejemplo del CD Chepineando, que grabamos en los Estudios Siboney EGREM, y aunque aquí no se ha difundido suficientemente, el que nos hiciera la firma Last Call, de París, en 1999, se agotó rápidamente.

Presente en la informal conversación, en el santiaguero Teatro Heredia, un invitado muy especial, el hoy célebre Ibrahím Ferrer. Interrogado al respecto, destaca:

Es un motivo de orgullo el haber pertenecido a tan legendaria agrupación. Con ella tuve mis éxitos iniciales, al grabar “El platanal de Bartolo” y otros números. Interpretaba sones y guarachas, y siempre soñé con cantar “Murmullo”.

Hoy, cerca de cinco décadas después, al escuchar de nuevo a la legendaria orquesta y ver la fascinación que ejerce su música sobre los jóvenes que me rodean, evoco aquellos primeros encuentros de adolescente y siento la convicción de que nuevas generaciones seguirán sucumbiendo ante las sonoridades de Chepín-Chovén.

 

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