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El que visite la capital cubana tendrá, necesariamente,
un acercamiento 'en vivo' al profundo proceso cultural que se
vive en todo el país. Nuestros artistas son aplaudidos
en el mundo entero y magníficos intelectuales sientan pauta
con sus obras.
Pero no es posible hablar de cultura nacional sin nombrar las
religiones cubanas de origen africano. Sus huellas aparecen tangibles
en el cine, la literatura, la plástica, en fin, en todo
quehacer artístico, en la vida misma.
Por eso resulta imprescindible reconocimiento a nuestros abuelos
africanos y a sus creencias mágico-religiosas el Museo
de Guanabacoa, situado en la villa del mismo nombre y cuna prolija
de prestigiosos hombres de letras y ciencias. Visitarlo resulta,
hasta para los neófitos en la materia, el descubrimiento
de un mundo pleno de misticismo y colorido, donde cada imagen,
altar, ofrenda, atributo y vestidura aportan conocimiento ancestral
y juicio certero. Además, uno logra comprender con facilidad
como y por qué ocurrió el proceso de transculturación
de los elementos africanos en el ámbito cubano.
El Museo está instalado en una gran casa colonial de bellos
pisos, salones espaciosos y un divino patio interior, donde, si
lo desea, puede descansar y respirar el aire limpio y fresco del
entorno. También cuenta con un equipo de museólogos
de alta profesionalidad, que muestran al visitante una galería
etnológica utilizada como referencia a los tres cultos
afrocubanos fundamentales, que a mediados del siglo XVI llegaron
a la Isla y en la actualidad se muestran con tremenda fuerza en
la cotidianidad cubana.
En el recinto dedicado a la Regla de Ocha o Santería -ritos
y creencias traídos a Cuba desde Nigeria- , se puede contemplar,
entre otras representaciones, la réplica, a tamaño
natural, de un negro babalawo (o babalao), sacerdote de la religión
yoruba, listo para predecir el futuro, y un trono de Obbatalá,
deidad mayor, representante de la paz, la inteligencia y la pureza.
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