QUINTA AVENIDA, UNA HERMOSA VIA HABANERA

 

Por María Elena Balán Saínz para Lovelycuba

 

   Quien visita La Habana y no recorre la Quinta Avenida es como si no hubiera estado en esta populosa ciudad, que reserva en esa parte, al final del Malecón, una gran calle de doble vía arbolada, con hermosas mansiones a ambos lados, importantes tiendas y atractivos restaurantes.

   Hace casi un siglo que surgió la idea de construir la barriada residencial de Miramar, al oeste de La Habana. Fue el entonces presidente del Banco Español, José Marimón, quien unió sus riquezas a la de otros cuatro hombres de dinero y al arquitecto Leonardo Morales para crear el mayor proyecto urbanístico de todos los tiempos en Cuba.

  Entonces corría el año de 1908 y tenían 16 caballerías de tierra para urbanizarlas y construir residencias lujosas que serían rentadas o vendidas a personas adineradas.

  Pero había que enlazar esa zona con el resto de la ciudad habanera mediante puentes y una calle principal. La vía debía tener el mismo estilo suntuoso que las edificaciones que se levantarían a ambos lados.

  Se fue construyendo de esa forma la famosa Quinta Avenida, con cinco kilómetros de extensión. En su centro hay un paseo con árboles podados con mucho ingenio, que semejan diferentes figuras,  y fuentes ornamentales, de gran belleza arquitectónica.

   A ambos lados de ese espacioso parque, están las calles en uno y otro sentido, que permiten que transiten diariamente miles de vehículos. Es cotidiano ver correr por el centro de ese paseo a personas que, muy temprano en la mañana o al atardecer, practican un trote acompasado para disfrutar del hermoso paisaje y ejercitar sus músculos.

   Según recoge la historia, en los años que van desde 1921 al 1924, el arquitecto norteamericano George Duncan instaló en la hermosa Quinta Avenida del residencial barrio de Miramar, dos importantes obras, el carillón y la Fuente de las Américas, que se conservan íntegramente y llaman la atención de quien recorre esa importante vía.

  La primera de esas instalaciones está formada por una torre que muestra un enorme reloj, que se mantuvo en activo hasta 1994, cuando su maquinaria se descompuso y no pudo ser reparada, pues como él no existe otro en La Habana.

  El conjunto arquitectónico que le sirve de soporte está revestido con piedras ornamentales, y a lo alto lo remata un techo de cuatro aguas.

   La otra obra del arquitecto Duncan aparece en el mismo comienzo de la Quinta Avenida, entre las calles cero y dos, y es una llamativa fuente, de gran belleza escultórica.

   Este recorrido por la importante arteria vial habanera, permite al viajero disfrutar de otros detalles, tal vez irrepetibles en vías semejantes. Se trata de tres iglesias que son verdaderas joyas de la arquitectura.

  La primera es la iglesia de Santa Rita, construida en la primera mitad de la década de 1940, la cual exhibe en su fachada una bella roseta en forma de estrella de cinco puntas. Encima de las cuatro pilastras que resaltan las tres puertas, fueron situadas igual número de esculturas.

   Avanzando un poquito por la Quinta Avenida puede apreciarse el santuario de San Antonio de Padua, y más adelante, la iglesia Jesús de Miramar, gran obra artística de estilo bizantino-romántico perteneciente a los padres capuchinos.

   Hay otras obras de construcción más reciente, como el lujoso Hotel Novotel-Miramar y otras edificaciones que guardan una respetuosa relación con la arquitectura del lugar.

   Por la Quinta Avenida se puede llegar hasta el Palacio de las Convenciones, sede de importantes foros, a la Marina Hemingway , una zona turística donde la pesca es una diversión, o también se  puede acceder en calles cercanas al Museo de la Maqueta de La Habana o al Acuario Nacional.

   Sin dudas, esta importante vía habanera es por sí sola un lugar de gran atractivo para el visitante nacional o foráneo. Un sitio donde la naturaleza y la arquitectura se conjugan armoniosamente.

 

 

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