Patios coloniales del Casco Histórico de la
Ciudad de La Habana
Para
Lovelycuba.
por
Mirta Núñez Pampín
Cual
dos líneas paralelas avanzan indetenibles el espacio y el tiempo. Es ley física
que aún el hombre no puede violar, pero a veces…
En
ocasiones se encuentra uno con tiempo y espacio confundidos, superpuestos, como
tren veloz de un solo rail. Si sucede en Cuba diremos que es consecuencia del
Trópico o que nos afecta la cercanía del Triángulo de las Bermudas. Puras justificaciones.
Mas
todo cambia si nuestra ubicación exacta está en el Casco Histórico de La
Habana. Como es lugar mágico, sobran las disquisiciones, se da por sentado que
cualquier rareza puede ocurrir. Por eso,
si desea experimentar nuevas emociones, tengo una invitación tentadora para
usted. Visite los patios interiores de las viejas casonas coloniales, ahora
transformadas en museos, galerías de arte, hostales, exposiciones,
restaurantes, florerías… Estos ambientes, repletos de ancestral encanto,
quedarán por mucho tiempo impresos en su memoria.
Será
como una pequeña pieza teatral donde el protagonismo cubrirá con su manto al
Patio y a usted. Es sencillo, siga el juego. Oculte sus emociones y deje que él
se crea en un monólogo. Su primera acción para impresionarle será un divino
efecto de luces. Luz solar convertida en arco iris gracias a la confabulación
de artísticos vitrales.
Después
saldrá a escena la vegetación: plena y exuberante. Variada hasta satisfacer el
gusto más exigente. Y como detalle exquisito, dentro de un verde intenso,
irrumpen los colores transformados en flores. Respire hondo varias veces, sus
pulmones agradecerán el aire puro.
No
faltarán las estatuas, los grandes murales y exactas combinaciones de azulejos
y mosaicos policromados adornando paredes y bancos. Puras obras artísticas que
antiguos hombres atesoraron para su disfrute, quizás sin pensar nunca que
pasados cientos de años, nuevos seres humanos llegarían también a sentir el
alma emocionada.
Mención
especial merecen las fuentes y los pozos. ¿Cuántas mujeres enamoradas
confundirían sus sollozos con el cantarín brotar del agua? ¿Y Cuántos sedientos
caminantes habrán encontrado su oasis en un diminuto pozo?
Muchos
almanaques han sido consultados desde la etapa colonial hasta ahora, y como el
tiempo no puede detenerse ni transcurrir atado a un espacio, ambas dimensiones
se separan, conservando cada uno su valor. Mas después que uno descubre tamaños
patios, quiere permanecer en ese espacio cualquier cantidad de tiempo.
Mil
gracias a aquellos arquitectos y constructores que convirtieron en realidad las
casonas coloniales y sus patios interiores como escudo protector contra la
canícula. No hay mejor agradecimiento que una sonrisa de beneplácito y la
promesa de volver muy pronto. Chao.
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