Parque Josone, un lugar de ensueño

Por Mirta Núñes Pampín

Fotos Héctor Delgado

 

 

Quizás usted no lo crea, o piense que exagero, pero puedo jurar que es cierto todo lo que les contaré. Además, si se decide, puede comprobarlo personalmente.

El Parque Josone lo conocí hace poco, cuando un amigo mío, cantinero del lugar, me convidó a visitarlo. Sí, seguro es lindo, pensaba yo, mas eso de compararlo con el Paraíso ya era demasiado, le dije. ¿Sabe qué me contestó entonces? “Pues mira chica, estoy convencido que si Adán y Eva hubieran contado con la máquina del tiempo cuando fueron expulsados, habrían decidido venir a vivir aquí. Y ríete si quieres.”

Mi amigo es así, entusiasta y grandilocuente, pero esta vez casi peca de escasez en los elogios.

Varadero es un lugar esencialmente marino; donde quiera que la vista se detiene tropieza con uno de los mares más bellos del mundo y las arenas más blancas y finas que alguien imaginarse pueda. Pues bien, en el mismo medio de ese paraje salobre aparece, como visión de ensueño, el Parque Josone.

Son ocho hectáreas de tierra cubiertas en su mayor parte por una exuberante y bien cuidada vegetación. Difícil será encontrar un jardín botánico con número mayor de matices verdes. Y también la variedad de plantas es increíble; lo mismo puede apreciarse una gigante trepadora que una minúscula violeta, avergonzada siempre de ser tan hermosa.

Además, si el sosiego y la paz mejoraran  al ser humano, este Parque sería ideal para terapias colectivas. Pero en este lugar hay algo.., una cosa especial..., no se… “No busques la respuesta, yo te la daré”, dijo mi amigo, queriendo como siempre adivinar mis pensamientos. “Es el amor, Mirta, es el amor. Este entorno lo concibieron dos esposos enamorados.

“Fue en 1942 y la pareja estaba formada por José Iturrioz y Onelia Méndez. Celebraban sus bodas de plata y ambos soñaban con un sitio que perpetuara su pasión y que llevara por nombre la unión de las tres primeras letras de sus nombres: Jos y One.

“A los tres años la obra estaba casi terminada y comenzaron a recibir muchos invitados. No hubo presidente de Cuba que se perdiera la ocasión de conocer Josone. También  llegaron hombres de negocios, poetas, pintores y científicos. Cuentan gentes de la época que cuanto ser ilustre visitaba el país pedía conocer el Parque. Y dicen con picardía, que los esposos tenían días de ‘no recibo’, los cuales dedicaban a pasear y amarse libremente, sin testigos, tomando los jardines como lecho.”

Mi amigo no cambia, a bien informado no hay quien le gane. Pero como todos llevamos oculto un descubridor, lo dejé en su bar, preparando unos cubanísimos mojitos, y me escapé a husmear sola. ¡Y vaya si me faltaba por conocer!

Imagínese que existe una guarapera que convierte el jugo de caña en una bebida afrodisíaca; cinco restaurantes donde es posible degustar exquisitos platos de la cocina criolla e internacional. En particular El Dante, de la cocina italiana, el cual atesora el beneplácito de numerosos turistas italianos que han confesado sentirse como en casa. ¡Buen apetito!

También es posible darse el gusto de remar un poco en la laguna o simplemente deleitarse contemplando la gran variedad de aves que tienen en el Parque su habitat. Hay unos patos que parecen nevados y un locuaz papagayo que sorprende con su gracioso decir.

Tenía razón mi amigo en su comparación. Yo no soy Eva, por supuesto, pero si me confinaran al Parque Josone, sería una sanción que agradecería por el resto de mis días.

 

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