LA MONARCA DE CUBA

                                Por Carlos Castro Sánchez

 

Es difícil, por no decir ¡casi imposible!, recorrer el archipiélago cubano sin ver una o más de ellas. Hago alusión a la palma real o Roystonea regia, abundante en todas las provincias y que, a no dudar, es la más vistosa de las palmas reales existentes en las Antillas Mayores. Pero en realidad, a varias de ellas se les encuentra hasta en Venezuela.

 

Hay también otras tres especies propiamente cubanas, pero crecen solamente en Baracoa, en la oriental provincia de Guantánamo. Son estas la palma criolla azul (R. violacea); la palma blanca (R. stellata) y la palma de seda (R. lenis). A esta última se le identifica por los largos filamentos que salen del raquis o eje central de las hojas.

 

Se conoce casi un centenar de especies de palmas  y todas ellas suelen ser heliófitas, es decir, que crecen mejor a pleno sol y prefieren los espacios abiertos.

 

Dado su porte majestuoso y elegante belleza, las palmas reales aparecen sembradas con frecuencia a ambos lados de caminos, avenidas y carreteras, así como en vías de acceso a casas de campo. Se la ve como  la planta ideal para ser plantada en hileras, debido a que se consigue mayor uniformidad en su tamaño y aspecto, en relación con cualquier otro árbol ornamental.

 

Cada una de las Antillas Mayores  cuenta con su propia especie. Así tenemos que, en Haití y República Dominicana, abunda la palma real de la Española (R. hispaniola), tanto como la palma real de Puerto Rico (R. Borinquena). En Jamaica, sin embargo, predomina la R. Jamaicana, la cual crece en terrenos altos, colinas y montañas de esa isla.

 

Por otra parte, al sur de la península de la Florida tiene fuerte presencia la R. elata, que se da en terrenos bajos y cenagosos. Unas 12 especies son  reconocidas en el género, siendo la mayor de todas la R. oleracea, de las islas Barbados y Trinidad.

 

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