La iglesia de Jesús del Monte

Por Mirta Núñez Pampín

Fotos Héctor Delgado

 

Hombres del siglo XVII la vieron levantarse sobre una colina habanera. Jesús del Monte llamaban al camino vecinal que corría a sus pies y Jesús del Monte la nombraron. Era una ermita tan modesta como una flor sencilla. Paredes de lodo endurecido y techo de güano. En aquel entonces los habitantes de la zona no exigían mucho para adorar a Dios, su señor.

Los domingos de mañanas soleadas iban llegando los escasos moradores vestidos con sus mejores galas para escuchar la misa. Quizás, por ser la colina de un relativo difícil acceso los fieles llegaban sofocados, pero con toda seguridad la brisa que los recibía en la cima y la belleza de la vista que se abría ante sus ojos, los reponía con rapidez y les ofrecía la paz espiritual que muchos buscaban.

Con el pasar del tiempo y la llegada del siglo XVIII se fueron poblando los terrenos aledaños a la ermita. Las tierras resultaron fértiles y el tabaco se daba de primera. Mas como suele ocurrir, desafortunadamente con demasiada frecuencia, mientras unos se dedicaban con ahínco al trabajo honrado, dejando que el propio sudor mejorara el suelo, otros, que con turbios manejos usurpaban el poder, sólo pensaban en apoderarse del fruto ajeno.

Así fue como aquella primera ermita que ya había conocido tiempos mejores gracias a trabajos constructivos, resultó mudo testigo de la preparación de los vegueros del patio para la defensa de sus derechos. La agonía de la casa de Dios al ver a sus hijos dispuestos al combate, terminó en bendición divina que los hizo retornar cantando el himno de la victoria.

Pero ante la pérdida no habría de aplacarse la ira colonial. Y volvieron a la carga, esta vez mejor organizados y con un número mayor de armas. Los vegueros aceptan el reto, pero el enemigo los supera en mucho. Once buenos hombres son apresados en traidora emboscada y sin juicio ni tiempo para despedirse de algún ser querido, son fusilados casi a los pies del templo.

La contienda de los vegueros termina y en la elevación y en los caminos de Jesús del Monte hay paz. Transitan vendedores con canastas a la cabeza, carretas tiradas por bueyes y aguadores con su preciso líquido… Es dulce el tranquilo transcurrir de la vida por estos lares, pero el daño ronda.

Peores tiempos habría de presenciar la pobre iglesia. La Habana es tomada por los ingleses, de nuevo la guerra quiere su botín humano y lo va a luchar. En la elevación de Jesús del Monte, muy cerquita de la iglesia, y en sus alrededores, la resistencia de los habaneros es heroica, mas los ingleses, guerreros de profesión, sacan ventaja. Son crueles en el ataque y a su paso aumenta el número de cadáveres. No se escucha el último disparo hasta que la resistencia criolla está vencida.

Así ve esta iglesia  pasar la vida, que tal parece que algunos hombres no disfrutan con el sosiego. Llegar a la segunda mitad del siglo XIX, exactamente el domingo 23 de octubre de 1870, es escuchar la primera misa en un templo totalmente reconstruido.

Su fachada es ahora simétrica, con estilo neogótico.  Internamente se aprecian tres naves y arriba, bien alto, se exhibe la torre campanario. Cinco campanas, cada una con nombre propio y distinto tono musical, son responsables de llamar a misa.

Ya en nuestro siglo, el XXI, esta iglesia se sabe fuerte, no sólo por el número de creyentes que posee, si no por el lugar donde está enclavada; imposible encontrar locación mejor. Allí, en la altura máxima de una colina, dominando claramente los alrededores y una gran parte de la ciudad, ahora puede ver a sus fieles trabajar en paz, aunque claro está no olvida los malos tiempos, por aquello de que las cosas deben ser recordadas para que no se repitan.

La modestia de aquella primera ermita aun se observa en su fachada y entornos. Resulta imprescindible entrar al templo para descubrir un panorama distinto, que sorprende, precioso, como logrado por la mano de Dios. Y si nos damos tiempo además para disfrutar de una misa, oyendo al buen padre hablar, con ese decir de bardo enamorado que le desborda, entonces nos sentiremos en otra dimensión.

Cuando uno conoce un poco la historia de la iglesia habanera de Jesús del Monte, vinculada siempre al quehacer de sus devotos y ¿por qué no?, también de los impíos, siente opresión nueva en el pecho cuando la visita y un deseo muy grande de pedir la bendición. Gracias y amén, Señor.

 

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