Titulo: CAPITOLIO
Bajante: majestuosidad y cubanía
Por: Mirta Núñez Pampín
Fotos: Héctor Delgado
Lovelycuba.com
Nadie
le creerá que estuvo en La Habana si no muestra, como constancia de tal visita,
una foto suya con el Capitolio de fondo. Vista hace fe, decía mi abuela.
Y es
que ciertamente cuando se contempla la majestuosidad arquitectónica y la
belleza artística del Capitolio habanero, uno queda tan impresionado que no
resiste la tentación de atrapar para siempre la imagen.
Lo
primero que se aprecia es el carácter ecléctico de su construcción, donde se
dieron cita el mestizaje del pueblo cubano, sus raíces culturales y las
características de la arquitectura cubana del siglo XX. Como dato curioso es
interesante conocer que esta colosal construcción sólo duró 3 años y 50 días en
ser edificada. Claro, que además de un severo régimen disciplinario, laboraron
las 24 horas del día, en jornadas de 8 horas, un total de 8 000 hombres.
Y
ahora, por favor, subamos sin prisa los 55 pasos de la gran escalinata de
entrada; quienes nos darán la bienvenida esperan por nosotros hace 74 años. Son
dos grupos arquitectónicos de 6 metros y medio de altura colocados a ambos
lados; el de la derecha representa el trabajo y el de la izquierda la virtud
tutelar.
Las
emociones continúan, pues sin duda nos sentiremos pequeños ante tal
monumentalidad. Dejemos atrás la escalinata y escojamos una de las 3 inmensas
puertas de entrada. No son sólo sus dimensiones las que las tornan originales,
2,39 metros de ancho por 7,70 metros de alto, sino que cada una ostenta bellos
bajo relieves de carácter histórico, donde el visitante encuentra pasajes de la
historia del pueblo cubano.
Ahora
ya estamos dentro, en el Salón de los Pasos Perdidos. Y allí está ella,
orgullosa, serena y tremenda. Es la estatua que representa La República de
Cuba. El escultor italiano Angelo Zanelli* la creó en Italia y fue necesario
dividirla en 3 partes para su traslado. El artista encontró fuente de
inspiración en una linda cubana y en Palas Atenea, diosa de la sabiduría
griega.
Quedamos
atónitos contemplando la dorada escultura, tal parece que cobra vida, hiciera
un gesto u ordenara algo. No es sólo por su altura, la cual alcanza más de 17
metros, es la decisión que se aprecia en sus facciones, la imagen de fortaleza
que irradia y el sello de sensualidad provocativa que ofrece su busto. Cuando
el 20 de mayo de 1929 se inaugura El Capitolio, develan la estatua, cubierta
con polvo de oro y con un peso de 49 toneladas. Fue colocada en un pedestal de
mármol onix antiguo y se le consideró la segunda más alta bajo techo del mundo,
antecedida por el Buda de Oro de Nova, en Japón. Hoy, después de erigido el
monumento a Lincoln en Washington, ocupa el tercer lugar.
Cuidado
con nuestro caminar, si no estamos alertas podemos tropezar con la réplica del
diamante que marca el kilómetro cero de todas las carreteras del país. A ambos
lados se puede acceder a 2 salones de iguales proporciones y ornamentación, que
permiten el paso hacia los hemiciclos, salones y galerías del edificio.
El
trazado de los pisos del Salón de los Pasos Perdidos, obedece a la misma
composición de los techos, guardando una perfecta simetría. La iluminación
conjuga una luz natural que penetra por los ventanales de bronce y cristal con
la artificial, obtenida gracias a luminarias colocadas en las cornisas y
candelabros.
Este
salón, que debe su nombre a las condiciones acústicas que posee, fue concebido
sólo para grande recepciones, por lo que en su origen no poseía ningún mueble,
excepto los 32 candelabros del más puro estilo renacimiento italiano. Completan
el conjunto 42 puertas que ceden el paso al resto de las áreas.
Otro
detalle que maravilla al visitante son las lámparas. Para cada salón, que son
muchos, muchos, se crearon diseños exclusivos según el estilo, y cada una de
ellas por separado, es de una factura exquisita. Además, mientras más se avanza
en el recorrido es posible constatar que se utilizaron mármoles de la mejor calidad, importados fundamentalmente
de Italia. También fueron fruto de una rigurosa selección las maderas preciosas
que ornamentan puertas y columnas.
Hasta
aquí hemos recorrido juntos una pequeña parte del singular Capitolio habanero,
pero si usted confía en que el viaje continúe, perdone que lo defraude. Las
películas no pueden ser contadas con lujo de detalles so pena de perder al
espectador. Nada, que ya lo decía mi abuela, vista hace fe…
Recuadro:
*Angelo Zanelli nació el 17 de marzo de 1879 en San Felipe del Benco, Brescia,
Italia. En 1911 realiza su obra cumbre, El Altar de la Patria, obra que completa
años más tarde con el monumento a los caídos de Saló y la Estatua de Roma.
En 1928
creó las monumentales esculturas de bronce que preceden la entrada del
Capitolio y a la colosal estatua de La República.