Por
Mirta Núñez Pampín
Si
usted es de los que buscan descubrir nuevas culturas, con sus misterios,
creencias, mitos y sabidurías, El Callejón de Hamel, en plena capital habanera,
es un lugar que no debe dejar de conocer.
Cuando
llegue, no se deje fascinar por la primera impresión que sus sentidos reciban,
esa será siempre sólo parte de una realidad tremenda. Hamel es la primera vía
pública convertida en mural gigante dedicado a la cultura cubana de origen
africano. Allí, apenas es posible encontrar un espacio donde los artistas no
hayan dejado su huella, tanto pintores como poetas. Hasta las edificaciones más
altas ostentan en sus paredes muestras de esas raíces que nacieron en África y
a los cubanos nos corre como sangre.
En El
Callejón, las casas de pronto devienen taller, templo, altar y los vecinos en
magníficos anfitriones, expertos en asuntos culturales. A lo largo de todo El
Callejón de Hamel se siente la presencia yoruba, conga y carabalí, negros obligados
a venir a Cuba como esclavos y que a pesar de los maltratos, humillaciones y
crímenes cometidos contra ellos, lograron insertarse con gran fuerza en las
raíces de ese árbol grande que es hoy nuestra identidad nacional.
Cámara
en ristre anda siempre el visitante por estos lares, pues todas las imágenes
son de concurso. Una venta de plantas medicinales, poemas escritos en las
paredes, pinturas, signos.., de todo hay.
Y aún
el callejón de Hamel es algo más, un proyecto de arte en la comunidad, donde los
más pequeños del barrio se inician en el arte pictórico, los de la tercera edad
disfrutan de la música de su época –sones, boleros, danzones- y hay un día
dedicado a la rumba, cuando todo se vuelve resonar de tambores, movimiento
sensuales de los cuerpos y todos, sin importar la edad, disfrutan a la vez que
amplían su horizonte cultural.
Salvador
González Escalona es el artista cubano que materializó su propia iniciativa de
dotar con vida artística a un lugar por lo demás olvidado, tan pretérito quizás
como el sufrimiento del negro esclavo y tan rescatado ahora como una vieja y
valiosa joya de familia que uno pule con amor.
En una
de las paredes del Callejón impacta leer un poema de Salvador dedicado a
nuestra raíz africana. Puede que usted lo descubra al principio o al final del
recorrido, no importa, de todas formas nunca lo va a olvidar:
“Y vinieron con cantos que nadie
conocía.
Cruzaron el mar con peces de
madera.
Trajeron un secreto cubierto de sangre y tierra.
Cantaron, lloraron, plantaron…”
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