Los balcones de mi ciudad

 

Por Mirta Núñez Pampín

 

 

¿No había oído decir que La habana es la capital del amor, la sede del romance y la ciudad de la ternura? Pues no deje que otro se lo cuente.

 

Cuando camine La Habana, bajo un cielo azul de fantasía, abundante vegetación y rodeado de personas siempre dispuestas a prodigar hospitalidad, estará ya preparándose para el cortejo amoroso. Porque para conquistar y subir al podio de premiaciones en las lides del corazón, tendrá antes que haber buscado un escenario ideal para la contienda. Y es ahí, al escenario, a donde quiero llegar, por aquello que tanto repetía mi abuela de “un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar”.

 

Y el lugar ideal en Cuba es un balcón. El problema radica en escogerlo adecuadamente. Si su pareja es sencilla, amiga del detalle y ajena a los alardes vanidosos, pues le vendría bien un balcón pequeño, cuadrado, de madera y adornado con plantas pequeñas muy verdes.

Si por el contrario, a su media naranja le encanta ostentar y disfruta presumiendo, entonces sería mejor un balcón con un rico trabajo artístico en sus rejas y muchas plantas exóticas. Uno de esos balcones que van de punta a punta de la construcción y hasta doblan la esquina.

Pero si su adorado tormento está un tanto deprimido, llévelo de la mano y rápido a un balcón con vitrales de muchos colores, a través de los cuales el sol hace magia. Que posea también vista al mar y una considerable altura, así verá más pequeños los conflictos.

 

En La Habana hay balcones tan singulares que no es difícil asociarlos como marco perfecto para Romeo y Julieta, los famosos amantes de Verona. Sólo que aquí esos pobres muchachos hubieran tenido un final feliz.

 

En fin, escoja el balcón que mejor se ajuste a su plan. No demorará en encontrarlo, pues en Cuba los hay por centenas. Sucede que como vivimos en el Caribe y somos una isla, contamos siempre con el beneficio de la brisa marina y ¿dónde mejor disfrutar del fresco que en un balcón..?  Es que hasta la vida se torna diferente cuando uno la observa desde arriba, desde donde la miran siempre los campeones.

 

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